nueva hospitalidad

Viajar no es esencial, ¿y ahora qué?

Justamente hoy hace un mes que regresé de México. Un mes sin prácticamente salir de casa, como la mayoría. En este tiempo he pensado, comentado y debatido acerca de cómo viajaremos cuando podamos volver a hacerlo. Pero en realidad creo que tiene más sentido empezar preguntándonos el por qué lo haremos.

Hace unos tres años cuando me hacia esta pregunta, pensaba que en el futuro, «los desplazamientos que no nos aportasen un valor real se reducirían al máximo. Y serán aquellos viajes que nos ayuden a obtener distintos aprendizajes, así como descubrir y repetir sensaciones agradables y compartirlas con nuestros seres queridos, los que crecerán exponencialmente.»

Lo pensaba entonces y lo sigo pensando ahora (incluso más firmemente). Por una parte, al menos en el corto plazo habrá una serie de frenos evidentes a viajar como son el miedo al contagio, el menor poder adquisitivo de muchos y el aumento de la preferencia por el ahorro de otros. Por no hablar del posible cierre de fronteras y la menor disponibilidad de conexiones aéreas. Es más que obvio que será un mal año para el sector y para muchas de las personas que formamos parte de él.

Pero creo que lo que hagamos en estos momentos va a ser clave para el futuro. Es un momento para pensar, replantearse algunas cosas y realizar ciertas acciones. La primera, a mi juicio, es que todo el mundo se ha dado cuenta de que viajar no es esencial. Estamos de acuerdo en que puede ser agradable, puede permitirnos conocer otros lugares y personas, puede ser inspirador y en ocasiones relajante; pero lo que está claro es que esencial para la vida no es.

Y es importante darse cuenta de esto. Porque veníamos de unos cuantos años en los que realmente lo parecía. “¿Dónde os vais de viaje este puente?; “Aún no conozco Berlín. ¡Tengo que ir!”; “Vamos a ir reservando ya las vacaciones de Semana Santa que luego está todo lleno”. 

Unos años en los que parecía que, si no te ibas de viaje varias veces al año eras un perdedor que se quedaba en su casa viendo en las redes sociales como los demás disfrutaban de sus maravillosos destinos. Cuando en realidad muchos de ellos aportaban poco más que un cambio en su rutina, unas cuantas fotos chulas y algunos likes.

Por no hablar los viajes de empresa. Algunas reuniones, en las que directivos venidos de diferentes partes del mundo en la misma sala, aportaban menos valor que el coste de todas esas personas alejadas de sus familias y el tiempo y dinero invertido en el viaje en sí; recorrer el país para comunicar una propuesta comercial en 20 minutos; además de los desplazamientos diarios para realizar un trabajo, que como se ha demostrado, se puede hacer (en muchas ocasiones) a distancia sin mayores complicaciones.

Por supuesto, también en la formación nos hemos dado cuenta de que si bien algunas de las actividades pierden bastante al hacerse online, hemos implementado nuevas herramientas que nos permiten realizar una formación efectiva y continua. Lo que hace pensar que una educación mixta (online y presencial) sea una fórmula ganadora si empleamos las mejores soluciones en ambos contextos.

Bueno, hasta aquí parece como si ya me estuviese bien que no se volviese a viajar o que se redujese al máximo o que estuviese totalmente de acuerdo con Carmen Lomana, cuando explica aquí (a partir del minuto 24) que solo deberían viajar unos pocos que puedan permitírselo.

Nada más lejos. Imagino un futuro en el que incluso aumentará el número de viajes, pero sobre todo que nos aportarán mucho más; en el que los equipos de los hoteles se habrán liberado de las tareas rutinarias y se dediquen a conectar con los clientes de forma más humana; en el que la forma de viajar sea más respetuosa con el entorno; y donde el concepto de cada hotel esté realmente pensado para un grupo de personas concreto.

Como profesionales de la hospitalidad debemos de adquirir el compromiso de ayudar a hacer que el viaje vuelva tener sentido, más sentido que antes, que si bien no va a ser esencial viajar (nunca lo ha sido), realmente nos estaremos perdiendo algo importante si no lo hacemos.

¿Por qué existe tu hotel?

Esta pregunta es clave, porque a partir de su respuesta, podemos comenzar a tomar ciertas decisiones e implementar acciones que nos ayuden a conectar de forma efectiva con unos clientes que buscarán encontrar en los hoteles: puntos de encuentro con personas afines, aprendizajes que les ayuden en su crecimiento personal y experiencias que les permitan establecer lazos más profundos con quienes las compartan.





Photo credit: Yuliya Kosolapova

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