¿Qué hacer cuando no haya nada que hacer?

 

Hemos revisado las habitaciones, puesto la temperatura “ideal” y preparado las llaves.

Durante años hemos estado «entretenidos» con la cabeza hacia abajo metiendo reservas, enviando recordatorios y cambiando tarifas.

Hemos revisado las facturas y cobrado los cargos con eficiencia. Indicado los mejores restaurantes para comer en la zona e informado de los horarios del desayuno. Incluso hemos memorizado las rutinas y gustos de nuestros clientes repetidores y hemos satisfecho uno por uno sus deseos sin que él tuviera que decirnoslo.

¿Qué pasará el día que no tengamos que hacer nada de lo anterior?

Hay dos opciones:

  1. Dedicarnos a otra cosa.
  2. Levantar la cabeza, establecer una conexión humana con el cliente, empatizar con él y tomar las decisiones que quizá nadie nos ordenó que tomaremos. Esto es lo que siempre debimos hacer y ahora (y cada vez más) la tecnología nos permite centrarnos en ello.

 

 

Photo credit: Marcus Castro

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